jueves, 18 de enero de 2018

En donde no llegan las palabras.



Amo a tu mirada sencilla
que nunca reconoces
no te has dado cuenta
que el alba desciende siempre
bajo una mirada simple
que ilumina con su paz
a todo lo que termina
con ser su última morada.

Amo aquellas veces
que invicta, me retabas
nunca importó tener historias finitas
contar las horas no era preciso,
bastaba tener a la mano alegrías
para desnudar el amor
que genuinamente sin maldad me dabas.    

Amo el insomnio por velar
el mutismo irreparable
de cada rincón que separas de tu boca
cada vez no me hablas,
nunca será necesario
solo basta  me tu mirada.

Amo buscarte en equilibrio
en este mundo tan incomodo,
el dolor que sin amor se vende
siempre termina siendo
una doctrina inútil que solo pregona.

Amo tu universo lejano
en donde no me alcanza la mirada
para abrazar tus colores celestes,
estiro mi mano al máximo
y simplemente no te alcanzo.

Amo a la bruma espesa
que no confunde a la sombra
con una esperanza agradecida,
quisiera poder dejar de sujetar
a todos los vestigios del pasado
que solo nos desgastan
no quiero simular que nunca supimos
porque tanto nos amamos.


Amo el instante secreto de tus labios,
lo amo tanto porque odia
a esos seres no humanos
que desprecian a otros
solo por el perfume que usamos
no es una mezcla refinada
de maderas y rosas reposadas
en barricas de mentiras y engaños.

Amo desvanecer tu cabello
entre mis dedos y no sentir mis manos,
me olvido de contar el tiempo que pasa  
ronroneando como gato a tu lado.

Amo complicarme la existencia
siempre tratando de explicar
que es la penuria en la vida plena,
solo deseo recibir tu calor
en un abrazo cálido
sin remordimientos mal sanos que encadenan.

La noche pronto morirá
y bajo su oscuro amanecer
solo tendré que preocuparme
por estirar mi mano ante la deriva,
sentir a tu presencia tibia
al saber que sigues dormida.

Mi mente te amará por siempre
a donde no llegan las palabras.

Poesía.
Miguel Adame Vázquez.
18/01/2018.


miércoles, 17 de enero de 2018

Háblame de ti




¿En dónde está tu frontera de viajero
que escapa con los ojos vendados
como queriendo ocultar de su memoria
todo lo que tus pies han andado?

Me angustia saber que no eres perfecto
aunque nadie lo es en este momento,
no me queda más que el alfabeto
no me alcanzan sus letras
para pronunciar las palabras
que se me escapan de muy adentro.

¿Acaso no eres más que un abecedario íntimo
que suplica la absolución de unos labios
que nunca han aprendido a callarse?

Vez tras vez revisaste cada idea
que me rodeaba en la memoria
nunca te alcanzó la noche para imitarme,
así que renuncié al derecho
de permanecer en ignorancia
y cultive mis ojos puliendo sueños
con un poco más que solo esperanza.

¿Quien te dio el derecho de hablar y pensar por mi?
Te invito a que olvidemos
el placer de poder cerrar la boca,
de construir ciudades y sobrevivir
a las suculentas verdades que siempre nos animan
a cerrar los labios para intentar  por fin calmarnos.

¿En donde está la vergüenza de tus sueños
que siempre vuelan a todas partes  
respirando los silencios de las voces
que no quieren ser escuchadas en vano?

Te invito a conquistar los tiempos sin recelo
a continuar vivos como podamos hacerlo
a no morir en un verso de un instante,
quiero hablar de ti y de tu lógica cordura
que me hace ser elemental para no perderme
en una poesía vieja y rota.

Háblame de tu mirada destruida
por las verdes plantaciones de tus recuerdos
de un pasado ya muy lejano,
la noche y el tiempo nos seguirán separando
como si quisiera torturarnos,
me temo que ha regresado en nosotros el dolor
como si nunca se hubiera marchado
dejando una leve mancha en la memoria
que reclama por no querer escribir su propia historia.

Marchitamos el derecho a ser felices,
no me quedaré con las estrofas
que olvidan en su melancolía
a los delirios más locos y cariñosos
que me niegan el placer de  poder vivir.

Háblame de ti
antes que los sueños construyan
una memoria falsa de mi.

Poesía
Miguel Adame Vázquez.

17/01/2018.











martes, 16 de enero de 2018

En lo profundo del bosque.




En lo profundo del bosque
lejos de las rancias inquietudes
arraigadas por los años
vivien las flores silvestres
ellas nunca soñaron con adornar a la vida,
sus raíces echaron con la esperanza
de poder huir en la tierra del peligroso sendero
que con su camino solo nos asecha.

Bajo el barullo de un riachuelo
se escuchan los ecos rebeldes,
están tan contentos como siempre
escurriéndose a caudales
con los inquietos colores azules y verdes
un brillante turquesa que quieren llegar
a toda prisa a un mar radiante y celeste.

Esta vez el murmullo de las aves pequeñas
se escuchará hasta el cielo imponente,
no importa cuanto me oculte
el abandono en un silencio no podrá verme
esta vez podré escaparme contento,
brillaré de nuevo con mis versos alegres.

Quisiera poder convertirme en un río subterráneo
en donde la luz aurora solo se pierde
quisiera poder ser un tifón entre un millón
de traviesas desventuras
para con mi primavera tibia poder envolverte.

No quiero volver a verte triste
en un invierno cruel
que solo nos congela con su frío insensible,
te amo radiante
como el colibrí que nunca se detiene,
te quiero sonriente
como la pradera verde que solo florece.

Quisiera poder terminar
con la oscuridad que crece
con el cristalino manantial del perdón
que pronto lavara con sus aguas
el desamor que el mismo odio hizo crecer
para poder ahora sí deshacerse de ti,
en lo profundo del bosque
vivien las flores silvestres.

Poesía
Miguel Adame Vázquez.
16/01/2018



domingo, 14 de enero de 2018

Antes que el deseo se amotine al amor.



Al amanecer el poeta desertó  
¿y ahora quien narrará
en un verso lo que nace nuevo?
quizás solo son buenas costumbres
en un espacio turbulento
con un vidente mudo que prefiere las palabras
entre un remolino de imágenes nítidas
hasta impregnarse de la esencia del dolor.

Tal vez fue el amor o la locura
o el sufrimiento en cada gota que se junta
en un pocillo de metal raído por el óxido de la vida
que está expuesta a la intemperie de una brisa enferma
y un poco más sabia que le parece que lo conoce todo.
Me gusta caminar hacia el horizonte
y en esa orilla infinita
simplemente desplomarme
hasta que alguien más lo intente de nuevo
desafiando al incipiente escenario
que sencillamente nos tocó vivir.

En ese vórtice supremo casi todo cambia
nada es igual que en esos siglos
alejados por el tiempo,
resulta ser muy perturbador
tener que elegir entre la rutina
de una vida que marcha a toda prisa
porque la vida no tiene permanencia voluntaria
y quisiera por siempre escuchar tu voz.
Solo quiero que no agaches la mirada  
ante tanto horror que se asoma en la ventana,
sostén con fuerza mi mano
estoy seguro que mis letras todavía guardan un poco de calor.
 
El frío arrecia desesperado
conforme avanzan los minutos en la noche
ya es mi hora de tener que dormir
lo haré antes que el deseo se amotine al amor
y tenga que despertarme de nuevo
cuando la noche amanezca
ante cualquier resquicio del sol.

Poesía
Miguel Adame Vázquez.

14/01/2018.

sábado, 13 de enero de 2018

Estaba herido y volví a vivir.



Estaba herido
ente huecos de metal
mis manos lloraban,
no podía controlar el pulso
y sujetarme el rostro perdido,
ahora mira como la nieve
refleja su destello iluminando
con plena luz mis pasos
ya no tengo que mirar
al suelo a donde piso.

La vida es perpetua,
he visto como Dios
curará a la enfermedad
que destruye lentamente
a mis seres queridos,
pronto el tiempo vendrá
con la lluvia esplendorosa
llevándose escurridos
los infames lamentos en quejidos.

Nunca he padecido de insomnio
que desvele a la mañana,
siempre me he dormido todo
hasta que ya no he sentido a la cabeza
por andar cazando estrellas
en un firmamento infinito.

Tal vez es imposible
respirar en un instante,
siempre me escabullo
de la mentira envenenada
abrazando al olvido
con una simple blanda almohada.

Quisiera ser ese velero
que con sus alas blancas
zarpar azaroso
con el viento de mañana,
siguiendo a las gaviotas
que ponen en el cielo su nido
simplemente quisiera dejarme llevar
con el mar celeste en su profundo brillo.

Estaba herido
deambulante vendiendo
mis mejores latidos
dejando que el fruto de mis labios
fuera un fruto podrido,
ahora tengo esperanza
porque se que todo es posible.

Aun tu mirada es un niño perdido,
aunque la angustia te axfisia
tengo la ilusión de que las penas
se evaporan al menor roce del umbral
de una promesa asegurada.

El árbol crece con el rocío nocturno
que se irá en la mañana
el ruiseñor todavía vive
lo escucho cantar
suavemente en mi ventana
la vida es un regalo de perlas y tesoros
sobre los hombros
orgullosos la llevamos
más allá del dolor
se desnuda limpia y pura la vida
estábamos a ciegas
hasta que subluz hizo posible
disfrutar de nuestras vidas.

Poesía
Miguel Adame Vázquez.
13/01/2018.








viernes, 12 de enero de 2018

Nuestro amor es más grande que los dos


Fragilidad 
deambulo entre los sueños flotando 
con los ojos semiabiertos 
sonambulo
intermitente entre un zumbido 
en el oído que nunca me habla, 
cansado 
huyendo de la luz 
con movimientos 
de un sentimiento con esperanzas
nunca te han amado 
con un abrazo de soledad.

Restringido 
cortado de los árboles  
antes de ser un fruto dulce 
solo pausas,
quietud que cierra los ojos 
ante el suspiro que inhala 
el frío aire de una madrugada más.

El mar se escucha 
en tu pecho solitario 
nada importa 
si no es todo a tu lado, 
vejez sin esperanza 
tus manos son muy pequeñas 
para sujetar con fuerza 
todo aquello que quisieras controlar.

Ojos que no pierden detalle 
de todas las insignificantes palabras 
que tu mente simplemente no escribe 
paz inaudita 
camino que sana las heridas.

Si no te ayudo 
¿Que sentido se tiene para vivir?
te quiero contar 
lo que hace revolotear a mi estomago 
en todas las madrugadas ausentes.

Es más el miedo 
que la verdadera traición,
pausa en una noche 
que apenas empieza, 
otra vez terminaré recitando 
versos en voz alta, 
escuchando silencios vencidos, 
letras que nunca escuchas 
porque tú atención 
siempre está en la mirada que voltea 
solo a otro lado.  

Nuestro amor 
es más grande que los dos.

Poesía.
Miguel Adame Vázquez.
13/01/2018.

En donde no llegan las palabras.

Amo a tu mirada sencilla que nunca reconoces no te has dado cuenta que el alba desciende siempre bajo una mirada simple que ilumina co...