sábado, 13 de enero de 2018

Estaba herido y volví a vivir.



Estaba herido
ente huecos de metal
mis manos lloraban,
no podía controlar el pulso
y sujetarme el rostro perdido,
ahora mira como la nieve
refleja su destello iluminando
con plena luz mis pasos
ya no tengo que mirar
al suelo a donde piso.

La vida es perpetua,
he visto como Dios
curará a la enfermedad
que destruye lentamente
a mis seres queridos,
pronto el tiempo vendrá
con la lluvia esplendorosa
llevándose escurridos
los infames lamentos en quejidos.

Nunca he padecido de insomnio
que desvele a la mañana,
siempre me he dormido todo
hasta que ya no he sentido a la cabeza
por andar cazando estrellas
en un firmamento infinito.

Tal vez es imposible
respirar en un instante,
siempre me escabullo
de la mentira envenenada
abrazando al olvido
con una simple blanda almohada.

Quisiera ser ese velero
que con sus alas blancas
zarpar azaroso
con el viento de mañana,
siguiendo a las gaviotas
que ponen en el cielo su nido
simplemente quisiera dejarme llevar
con el mar celeste en su profundo brillo.

Estaba herido
deambulante vendiendo
mis mejores latidos
dejando que el fruto de mis labios
fuera un fruto podrido,
ahora tengo esperanza
porque se que todo es posible.

Aun tu mirada es un niño perdido,
aunque la angustia te axfisia
tengo la ilusión de que las penas
se evaporan al menor roce del umbral
de una promesa asegurada.

El árbol crece con el rocío nocturno
que se irá en la mañana
el ruiseñor todavía vive
lo escucho cantar
suavemente en mi ventana
la vida es un regalo de perlas y tesoros
sobre los hombros
orgullosos la llevamos
más allá del dolor
se desnuda limpia y pura la vida
estábamos a ciegas
hasta que subluz hizo posible
disfrutar de nuestras vidas.

Poesía
Miguel Adame Vázquez.
13/01/2018.








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