martes, 9 de enero de 2018

La primavera llegará a mi vida



No es más fuerte el odio
que las cicatrices que el tiempo nos deja
ahí el dolor nos soborna
intentando dominar la soberbia.

Con remiendos cansados de tanto coser
las descomposturas de la vida,
intento descubrir aquella lejana estela de luz
que insegura por el borde de la vida se asoma.

Son tantos los días
que se han acumulado con su horrible pobreza
que he perdido el recuento del recuerdo
de lo que antes se llamaba belleza.

Quisiera poder romper de un solo golpe
las cerraduras que atan las palabras,
son prisioneras de su propio silencio
solo piensan lo que nunca hablan.

El día que así lo quieras
construiré un memorial para contemplar tu inocencia
ahí algún día el silencio
se levantará para olvidar sus secretos.

En vano fui impaciente
ante el inmenso alquitrán que tanto huele,
tarde que temprano el dolor
tendrá que dejar de ser tu confidente.

La muerte se oculta de la vida
como un animal agazapado
estudiando a su presa con pobreza
con el puro instinto de cazarnos.

Siempre sentí un inmenso terror
por la tempestad que llega,
hasta mis labios secos se cerraron
para no pronunciar esos sueños frustrados.

Pronto olvidaré la nostalgia
de los espejismos pasados,
mi esfuerzo aliviará mi sacrificio,
la fuerza de las flores, aún lejos de su tallo afloraron.


Vivir siempre será lo más hermoso,
bajo su perpetua voluntad
nuevamente encontraré la salida,
no me impaciento, la primavera llegará a mi vida.  

Poesía
Miguel Adame Vázquez

09/01/2018.

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